Estrés y patologías digestivas: la nueva crisis de salud.

 

Estoy segura de que conoces a alguien que tiene problemas digestivos. Y si no conoces a nadie, es que quien tiene los problemas eres tú y quizás no lo sabes. Es lo que te voy a explicar en este artículo sobre estrés y patologías digestivas.

Pero, ¿qué es eso de tener problemas digestivos? Pues es algo tan cotidiano y normalizado como que se te inflame la barriga después de comer, que tengas diarreas o estreñimiento, gases, malestar abdominal, reflujo…

Y es que no nos damos cuenta, pero nuestra sociedad actual convive con una serie de síntomas digestivos que hemos adoptado como si fueran lo normal, y realmente son señal de que algo anda mal por ahí abajo.

¿Y por qué hay tantos problemas digestivos hoy en día?

La explicación es sencilla, pero larga de exponer.

Todo comienza en la maduración del feto. ¿Sabías que los tejidos que van a conformar el sistema nervioso (médula espinal, cerebro…) son los mismos tejidos que harán lo mismo con el sistema digestivo (estómago, intestinos…)? Pues así es, nacen de un mismo lugar y se van desarrollando a la vez. Ese es el motivo de que haya neuronas en el tracto digestivo.

¿Neuronas en el tracto digestivo? Exacto, por eso se dice que es nuestro “segundo cerebro”.

Nuestro sistema digestivo tiene un montón de células sensoriales, receptores, neuronas… que lo hacen un sistema complejo y eficaz que no solo degrada los nutrientes de los alimentos, sino que también nos defiende de posibles patógenos y nos avisa de si algo anda mal.

Cerebro e intestino se comunican mediante una vía neural que se llama Nervio vago. Y este nervio es el encargado de muchas de las funciones de nuestros órganos.

El estrés y las patologías digestivas están a la orden del día.

Pero no vayas a creer que esta comunicación es solo unidireccional, no. La información también va desde el sistema digestivo al nervioso.

Es por eso que todas las emociones tienen su expresión en nuestro organismo, lo notemos o no. Aquí siempre me gusta recordar eso de las “mariposas en el estómago” para que te des cuenta de que hay cosas que se sienten con las tripas.

¿Y qué tiene que ver con el estrés y las patologías digestivas? Mucho, ya verás.

El estrés es una respuesta fisiológica normal, ante estímulos que nos puedan parecer desafiantes.

Digamos que un poco de estrés y activación es natural e incluso positivo. Pero cuando el estrés es sostenido en el tiempo y se vuelve la norma, entonces esas reacciones fisiológicas nos juegan una mala pasada y el cuerpo se desgasta.

¿En qué afecta esto del estrés y las patologías digestivas a las digestiones?

Cuando estamos estresados, se activa en el cuerpo un modo de funcionamiento que nos mantiene alerta. Esta alerta hace que se paren otros procesos normales como, por ejemplo, la digestión, la reparación de los tejidos o el descanso. Esto es así porque, si estamos alerta, es porque hay algún peligro o algo urgente que atender, y las otras funciones vitales se consideran secundarias en ese momento.

Esto, de forma puntual, como he mencionado anteriormente, no solo es inocuo, sino necesario. Pero cuando este estado de alerta se produce a diario, entonces estamos impidiendo que el cuerpo funcione con normalidad.

Algo a lo que afecta mucho este estado de alerta prolongado, o estrés, es, entre otros aspectos de la salud digestiva, a los movimientos intestinales. Estos movimientos, que se llaman complejo migratorio motor, se producen para limpiar el intestino de los restos de alimento que vengan de la digestión de la última comida.

Si estamos en alerta, los movimientos se paran y entonces el proceso de limpieza normal del intestino no puede hacerse, por lo que se acabará acumulando ahí una serie de sustancias que son caldo de cultivo para sobrecrecimiento de bacterias.

Y ahí, ya tienes la patología digestiva. Hoy en día se pueden diagnosticar muchas con los nombres de Disbiosis, Sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO y sus variantes SIFO, LIBO, IMO), enfermedad de crohn, Intestino irritable, intolerancia a la fructosa y sorbitol, a la lactosa…

Pero lo más irónico de todo esto es que, en general, las personas no nos damos por aludidas cuando hablamos del estrés. Porque pensamos en el estrés como algo lejano, como algo que solo pertenece a hombres trajeados con maletín de piel que hablan por el móvil e invierten en bolsa.

Nada más lejos de la realidad. El estrés, en su mayoría, viene de cómo percibimos las cosas cotidianas que nos ocurren y de la interpretación que hacemos de las mismas. El nivel de preocupación diario que tenemos, es nuestra principal fuente de estrés.

Por ese motivo, puedo afirmar que las patologías digestivas son la nueva crisis de salud. Y no es que yo sea la OMS ni nada de eso, es que me consta que cada vez la vida se nos hace más cuesta arriba y las preocupaciones están a la orden del día en las mentes de todas las personas que tratan de hacer una vida normal.

Y como ya sabes, preocupaciones diarias significa: estado de alerta activado + estrés + alteración en el funcionamiento normal del sistema digestivo= patologías digestivas sí o sí.

Ahora dime, ¿seguro que no tienes estrés y que ese no afecta a tu sistema digestivo?.

Si esta pregunta te ha hecho reflexionar sobre cómo estás reaccionando al estrés y te gustaría conseguir ponerlo a raya de una vez por todas, igual esto que he escrito aquí te interesa.

Un abrazote, Marina, de Gastropsique.

Compartir:

Más publicaciones

Si no sabes por dónde empezar, es por aquí, haz el test

“Averigua cómo te afectan emocionalmente tus problemas digestivos”.

Evaluar cómo están tus emociones es el primer paso para conseguir un estado óptimo
que te permita recuperar tu salud digestiva. Y te llevará menos de 2 minutos.